El papel de las editoriales en un mundo sin papel

En mi anterior entrada del blog comparé la piratería en el mundo de los videojuegos con la piratería en el mundo del libro, cómo había evolucionado aquélla y cómo podría evolucionar ésta con el tiempo.

Terminaba afirmando que si bien siento confianza plena en que los lectores empedernidos como yo estarán más que dispuestos a seguir pagando por seguir leyendo, en gran medida el que esto fuera así dependía de cómo se comportaran las editoriales. Porque la pelota está en su tejado, así de claro.

El lector y su vínculo emocional

Cuando compramos pan, compramos pan, y sanseacabó. Pero cuando lo que compramos es entretenimiento, el vínculo emocional es el principal factor a tener en cuenta.

Compramos el segundo libro de un autor porque el primero nos emocionó. Miramos el catálogo de una editorial porque anteriormente leímos libros de esa editorial que nos emocionaron.

De forma análoga, cuando seguimos un grupo musical o un escritor suele ser porque ese grupo o autor “nos cae bien”. De hecho, si el escritor o el cantante comienza a meterse en escándalos, a hacer declaraciones poco afortunadas, a “caer mal”, el vínculo emocional se deshace y en consecuencia comprar un disco o un libro de ese artista se hace más cuesta arriba (Bebe y la presentación de su K.I.E.R.E.M.E., Melendi y su escándalo en el avión…)

Se puede argumentar que es necesario separar al artista de su obra, y eso es cierto (yo no soporto escuchar a Sabina hablando en público, pero me encantan sus discos), pero también es cierto que hoy en día toda persona que se enfrenta a una compra se ve inmerso en una lucha de intereses, fuerzas que tiran en direcciones opuestas: ¿gastarse el dinero o descargarlo directamente de internet sin pagar un céntimo?

Muchos factores intervienen en la decisión final. De ellos, sólo uno es puramente racional: la opción “legal” cuesta X euros; la opción “Sparrow”, cero. X es mayor que cero, luego lo lógico es optar por la opción Sparrow. Por suerte no somos vulcanianos, sino personas y como personas que somos nos regimos más por emociones que por la razón.

Esas emociones son:

  • Me gusta el autor y por alguna razón que no comprendo me produce una mayor satisfacción tener el disco o libro original.
  • Me da pereza andar buscando por ahí y a saber qué me descargo o lo que tardo en encontrarlo.
  • Creo que es mi responsabilidad apoyar económicamente aquello que creo que merece la pena, para que sigan produciéndose cosas semejantes que también me gusten.
  • El autor es un gilipollas y paso de darle ni un solo céntimo de mi dinero.
  • Las editoriales son todas unas chupópteras y no pienso darles más alas de las que tienen
  • Y todas las que se os ocurran…

Por tanto, todas las acciones de una editorial deberían ir encaminadas en fortalecer los vínculos emocionales positivos y minimizar los negativos. ¿No es una perogrullada?

Minimizar los aspectos negativos

Esto, probablemente, es lo más fácil, o debería serlo. Si eres una persona decente (como estoy convencido que, en esencia, es todo el mundo) basta que te comportes como tal.

Por desgracia, ya sea debido al miedo, a la desorientación, o a la novedad, esto no es lo que está ocurriendo.

Resulta que las editoriales (y las discográficas, y las productoras…) están tan sumamente preocupadas por las descargas “ilegales” de sus productos, que dirigen todos sus esfuerzos en luchar contra ellas, sin darse cuenta de que, primero, las descargas ilegales son un enemigo contra el que no se puede luchar (es como intentar atrapar el aire cerrando el puño) y, segundo, al hacerlo están perjudicando constantemente a los que sí compran sus productos originales.

Hablo de los DRMs, por supuesto.

Para aquellos que anden un poco despistados, los DRMs son unos sistemas de seguridad que llevan los ebooks o los discos comprados “legalmente” por internet, y que vinculan el producto comprado a un reproductor concreto (o a varios). El problema es que activarlos es un santo coñazo, requiere instalar programas en tu ordenador personal, sincronizar tu lector de libros electrónicos con dicho programa, activarlo, validarlo, etc.

Lo más gracioso del asunto es que si te lo descargas pirata, no tienes que sufrir esas penurias, ya que te lo descargas sin DRM.

Es decir, al conjunto de fuerzas que actúan sobre un comprador a la hora de tomar la decisión de comprar o piratear un producto (que es el que te preocupa, editor, el que está planteándose si comprar o no; el que ya ha decidido piratearlo es caso perdido y no deberías prestarle ni un segundo de tu tiempo), a ese conjunto de fuerzas, decía, estás añadiendo una más… y en el sentido contrario al objetivo que pretendes conseguir. Bravo.

De modo que nada de DRMs. Además, en el momento actual, afirmar que tus libros no van a llevar DRMs porque no quieres perjudicar al comprador por culpa del pirata hace que le “caigas mejor” al interesado. Es decir, añade una fuerza que tira en la dirección que te interesa.

Mimar al comprador

La otra parte del trabajo es la de mimar al que compra “legalmente”. Ésta es la más importante.

Hablando de los libros, la editorial tiene que dar con el modo de conseguir que quien compra un ebook (y sólo quien lo compra) en lugar de descargarlo tenga ventajas adicionales.

A este respecto tengo varias ideas que quiero poner en práctica un día de estos. Para hacerlo, he publicado en digital un par de obras porque de haberlo hecho con una editorial detrás habría estado atado de pies y manos. Las iré anunciando en breve, pero aquí hay una idea que, como lector, desearía ver implementada:

Si ya tengo un libro impreso, ¿por qué voy a pagar otra vez para tenerlo en mi ebook? No quiero saber nada de leyes, estoy hablando de emociones. Cuando ya he pagado una vez por él, el conjunto de fuerzas que tiran de mí a la hora de descargarlo pirata es prácticamente irresistible.

Pero sólo prácticamente.

Si la versión electrónica del libro que tengo en papel cuesta 4 euros (un precio que estaría dispuesto a pagar si no tuviera ya la edición impresa), no lo voy a comprar. Tampoco a 3 euros. A 2 euros ya me haces dudar. A 1 euro… quizá sí.

Y, ¿por qué no hacerlo a la inversa?

Pongamos que me he gastado 4, 5 o incluso 6 euros en un ebook, y me ha gustado tanto que me gustaría tenerlo en papel. ¿Por qué no recompensarme por haberlo comprado “legalmente” descontándome ese dinero del precio del ejemplar en papel?

El problema que tiene esto es la maldita ley del precio único, por supuesto, pero incluso eso se podría subsanar: dos ediciones en papel. Una, la normal, a la venta en librerías. Otra, la “edición especial”, editada a demanda y a un precio más reducido (y te ahorras distribuidor y librero…), accesible sólo para los compradores “legales” del ebook.

Otro problema, claro, es cómo asegurarse de que la persona que dice haber comprado un ebook realmente lo ha hecho. Pero esto es algo que también tiene solución.

¿Se pueden hacer más cosas para recompensar al comprador “legal”?

Sí, muchas, muchas más cosas. Sólo hace falta ponerse a pensar un poco, cambiar el chip, generar ideas nuevas.

Y no olvidarse jamás de que todo pasa por mimar al comprador legal, hacerle la vida más fácil, “caerle bien”. Y de los otros, los que deciden buscarse la vida en internet para acceder a copias “compartidas”, olvidarse completamente.



Marc R. Soto
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  1. [...] no les toquen demasiado las narices. Pero eso es harina de otro costal que por sí misma se merece otra entrada en el blog. Tweet Filed Under: Blog Tagged With: descargar juegos, descargar libros, [...]

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