La culpable del relato hiperbreve que abre “Todo muere” no es otra que Eva Díaz Riobello. También es la culpable de que escribiera otra de las narraciones del mismo título, pero de eso ya hablaré en otra ocasión.
Eva es una consumada escritora de relatos hiperbreves. Es endemoniadamente buena haciéndolo (y no lo digo yo, lo demuestran su Premio de Relatos Hiperbreves “Por favor sea breve“, el Premio Jóvenes Talentos Booket o el Nuevos Creadores de Granada con su libro “Susurros en el tejado“). Tiene un talento muy especial para secuestrar cuentos que pertenecen al imaginario colectivo y mostrar su reverso tenebroso. Si queréis leer un ejemplo de lo que digo, echadle un ojo a su blog “Las letras dormidas“.
El caso es que Eva me retó a escribir un hiperbreve y competir con ella en el Twinnings, un concurso organizado por la famosa marca de infusiones. Según las bases, el relato debería tener un máximo de 100 palabras y el tema, cómo no, debía ser “el té”.
Al final aquel año no se convocó el premio Twinings, y los dos hiperbreves que escribí para la ocasión se quedaron en el cajón esperando tiempos mejores.
Uno de ellos es “Oración“, el relato con el que da comienzo mi antología “Todo muere“.
Durante un tiempo pensé en incluir el otro al final del libro. Parecía tener sentido, dado que encajaba con la segunda parte del estribillo de Atlantic City, que aparece mencionado en la antología: “… but maybe everything that dies someday comes back” (… pero tal vez todo lo que muere regrese algún día).
Sin embargo, decidí que el tono del hiperbreve en cuestión era demasiado ligero para cerrar el libro y que rompía el efecto creado con “Viernes, café“. De modo que se cayó de la lista.
Nada me impide, no obstante, colgarlo aquí. Así podéis leerlo y juzgar vosotros mismos: ¿Debería haber entrado?
La obligación de un caballero inglés
Si hay un cementerio típicamente inglés en Gran Bretaña es, sin duda, el pequeño cementerio de Southampton. El césped allí es más verde que en cualquier otro lugar, y se diría que no crece sin antes pedir permiso. Su visita es altamente recomendable, pero evite ir a la hora del té: el encargado, que sabe que la muerte no es cosa que detenga a un auténtico caballero inglés, a las cinco cierra las puertas de forja. Después vuelve a casa, sincronizando sus pasos con el sonido que producen las lápidas al desplomarse sobre el césped.
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Claro que debió haber entrado, es redondo y exacto (sin ser redundante, ¿podría añadir que inglés?), muy bueno.
Un abrazo desde México
Muy inglés, Mayra, desde luego. Ése era el efecto que buscaba, precisamente. Sin embargo, los últimos relatos de “Todo muere” dejan un sabor en el paladar que se arruinaría con “La obligación de un caballero inglés”, por eso decidí no incluirlo.